Avance, avance al fondo hay sitio. Era una de las frases más recurrentes de los cobradores de autobús en la ciudad, a pesar de ya encontrarse completamente abarrotado de personas incluso con la imposibilidad física de cerrar las puertas para un traslado seguro.

Digo “era” porque espero que esta práctica no se vuelva a repetir, menos aún en el contexto de crisis sanitaria que vivimos, debido a que fácilmente podrían contagiarse 50 personas a partir de un solo contagiado, lo cual inevitablemente llevaría al colapso al sistema de salud pública.

El sistema de transporte en la ciudad ya era bastante deficiente antes de la pandemia tanto en términos de calidad de servicio, contaminación ambiental, así como en el tiempo que destinamos para movilizarnos diariamente.

La actual coyuntura desincentiva el uso del transporte público y promueve aún más el uso de taxis y autos particulares para quienes tienen la posibilidad; sin embargo el resultado agregado de estas dinámicas será el incremento del tiempo que toma transportarnos día a día, incrementando así la ineficiencia social.

Resulta impostergable la necesidad de tomar acciones en el asunto con la finalidad de gestionar el problema y evitar que se siga agravando con el pasar de los días con nefastas consecuencias sobre nuestra salud y bienestar.

¿Qué podemos hacer? En el mediano y largo plazo se requiere de una reforma integral del sistema de transporte que priorice el sistema masivo de transporte público elevando sus niveles de calidad y cobertura, disminuyendo el incentivo para el uso de autos particulares y taxis.

Esta reforma deberá considerar el uso de tarjetas magnéticas como medio de pago, carriles exclusivos y la programación de ingreso y salida de los buses a las vías troncales de la ciudad evitando la competencia en velocidad, el “sobrepaso imprudente” entre los buses y promover la competencia en calidad.

De manera complementaria a estas reformas se debe considerar también carriles exclusivos para caminantes y ciclistas que permita la movilidad segura y masiva para quienes tienen las condiciones físicas para ello. A mediano plazo, esta medida generará cambios profundos en las dinámicas de la ciudad dado que favorecerá el desplazamiento en distancias cortas sobre los desplazamientos largos haciendo más eficiente el uso del tiempo y hará que la ciudad tenga múltiples polos comerciales, burocráticos, financieros y otros.

Desafortunadamente, en el corto plazo no hay muchas alternativas de solución estructural; por lo cual se tendrá que optimizar recurriendo a la priorización de usuarios por edad y condición física, así como a la implementación de buenas prácticas de higiene en el transporte público, tales como:

  • Uso obligatorio de barbijos en los buses.
  • Desinfección de manos previo al ingreso al bus.
  • Cola para el ingreso a los buses
  • Desinfección de los buses al finalizar el recorrido, etc.

La implementación de estas medidas y otras que puedan ser propuestas requieren de un liderazgo decidido de parte de la autoridad y el compromiso de los ciudadanos para su cumplimiento y promoción.

Las grandes crisis como la que atravesamos, son también sinónimo de oportunidades para cambios estructurales que permitan apalancar nuestro desarrollo.

 

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