Los últimos 20 años se dio en Perú un lento pero sostenido proceso de urbanización, que a diferencia de lo que ocurrió años antes no fueron desplazados por la violencia o por otras fuerzas que los expulsaran del mundo rural, sino por el contrario fue la atracción del mundo urbano lo que terminó por alentar el fenómeno.

Los jóvenes vieron en las ciudades fuentes de oportunidades que permitieran su crecimiento y desarrollo en comparación con la seguridad que ofrecía el mundo rural: una pobreza estable de varias generaciones.

Las condiciones bajo las cuales se lanzaron a las ciudades fueron bastante difíciles debido a sus escasos recursos financieros, bajo nivel educativo y las importantes barreras culturales como el idioma, la religión y las costumbres que se constituyeron en elementos de discriminación social.

Las familias anclas en las ciudades constituidos por migrantes rurales de generaciones anteriores cumplieron un rol muy importante en la primera etapa de este proceso al brindar el cobijo necesario e introducir al “nuevo” miembro en la ciudad y sus redes sociales que le permitieron encontrar su primera fuente de ingresos y formar su propia red social.

El cluster textil de Gamarra en Lima, el sector turismo en el Cusco, la industria en Arequipa y otros en todo el país se convirtieron en los centros de labor de muchos de estos jóvenes que con algo de suerte ingresaron a sector formal de la economía, aunque la mayoría de ellos no pudieron más que ser absorbidos por la fortaleza de la economía informal –muchas veces en condiciones lamentables- que permitió cubrir sus necesidades básicas de alimentación, vestido y vivienda; e incluso con sus excedentes financiar estudios en institutos como Khipu en el Cusco, Instituto del Sur en Arequipa, SENATI y otros; con lo cual sus niveles de empleabilidad mejoraron.

El fuerte impacto económico de las medidas implementadas por el ejecutivo para contener el avance de la pandemia hará que por primera vez este proceso social muestre un retroceso haciendo que muchos vuelvan a sus pueblos de origen ante la falta de empleo que mostraran las ciudades.

Hace poca más de una semana se vio cerca de 5000 personas desplazadas por el hambre en una larga y sufrida caminata de retorno de Lima hacia las regiones centrales del país como Huancayo y Huancavelica, donde los recibirá la estabilidad de un mundo rural que no presenta oportunidades de desarrollo, sino simplemente la posibilidad de atender las necesidades básicas.

Entre los economistas aún no existe un consenso sobre cómo será la recuperación económica del país el año 2021. ¿Habrá recuperación en un horizonte de 3 años? La teoría económica muestra múltiples alternativas como el comportamiento en V de la economía que sería el mejor escenario, pero también existe la posibilidad de que tengamos un comportamiento en L, que sería la peor manera de iniciar el bicentenario de la República.

El año 2021 elegiremos un nuevo gobierno que será el encargado de liderar la recuperación económica del país, por lo cual será aún más importante que los anteriores y de sus decisiones dependerá en gran medida el comportamiento de la economía en el próximo quinquenio. Existen innumerables casos en donde el Estado, en lugar de apuntalar el desarrollo, termina por ser el fabricante de miseria más importante.

El sistema político vigente no ayuda en absoluto a elegir buenas autoridades y por el contrario ha normalizado la elección de cuadros políticos mediocres; por ello ahora más que nunca es necesario que los ciudadanos elijamos bien a quien tendrá la responsabilidad de liderar el país en el quinquenio 2021 – 2026.

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